Inclusión de Jóvenes con Discapacidad en pandemia

En este contexto de pandemia, seguimos trabajando por la inclusión educativa y laboral de los jóvenes con discapacidad intelectual a través de los trayectos formativos universitarios en Abogacía, Comunicación Social y Administración. Con el objetivo de recuperar los aprendizajes más significativos de este proceso, compartimos algunos testimonios de estudiantes, docentes y coordinadores del programa.

 

Hace ya dos meses que atravesamos un escenario impredecible y, quienes trabajamos en educación, fuimos desafiados a repensar los contenidos, las modalidades de evaluación, las estrategias pedagógicas y, sobre todo, el modo de vincularnos y de sentirnos acompañados entre todos los miembros de la comunidad educativa. Sin duda esto fue también un desafío para quienes transitan por el Programa de Inclusión dea Jóvenes con Discapacidad Intelectual de la USI.

“En un comienzo ansiedad, incertidumbre y frustración eran las emociones que más se manifestaron”, nos cuentan Florencia y Valeria, profesoras del equipo coordinador. Para ellas resultó clave, como equipo de trabajo, la búsqueda de la pasión y vocación como energía movilizadora para desplegar todos sus recursos emocionales: “Empatía, ternura, paciencia, fuerza de voluntad y sentido del humor fueron algunas de las emociones que compartimos y expresamos en nuestro equipo”.

Los docentes coinciden en que el uso de la tecnología resulta un aliado indispensable para que el proceso de aprendizaje pueda continuar, si bien al principio no sabían si lograrían la apropiación necesaria de las herramientas por parte de los estudiantes, sobre todo de aquellos que recién ingresaban al trayecto. Videoconferencias, mails, presentaciones y otros recursos se ponen en juego durante las clases regulares y los espacios de apoyo, donde dedican tiempo no solo a los contenidos de la materia, sino también “al impacto emocional que genera presenciar una clase universitaria”.

Lucas, de 22 años, ingresó este año al programa. Para él, este proceso significa “la posibilidad de desarrollar mi independencia y tener un proyecto en mi vida. Es algo nuevo pero de a poco me voy adaptando y acostumbrando”. Emiliano, de 39 años, también ingresó este año: “Cuando me llegó la info de USI me sentí feliz de tener otra oportunidad para aprender algo nuevo y, quizá, tener un empleo en el futuro. Ahora estoy entusiasmado porque las materias son muy interesantes y coinciden con mi forma de actuar”.

Para Silvana, profesora de Derecho, este proceso de inclusión implica quebrar los esquemas impuestos: “Es atravesar en cierto modo la vida académica universitaria arraigada y tradicional para generar un nuevo espacio, que refleja de manera más fiel la realidad social. Si logramos sumar esta práctica a la vida universitaria con continuidad, desarrollaremos una comunidad más justa en donde la igualdad sea la protagonista y cada estudiante tenga la oportunidad de educarse en cualquier etapa de su vida”.

La Universidad de San Isidro, con apoyo del BID, está generando una oportunidad para estos jóvenes, que es también una oportunidad para la construcción de una atmósfera más humana y solidaria en nuestras comunidades.

 

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